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🇮🇹 Sicilia: Barroco, Templos y Volcán

Nuestra ruta real de 5 días en coche: de Palermo a Catania

La isla que lo tiene todo (y de todos)

Sicilia es una de esas islas que se resisten a los clichés. Griegos, romanos, árabes, normandos y españoles han pasado por aquí dejando templos, catedrales con mosaicos bizantinos y una gastronomía que mezcla el cuscús con la pasta sin ningún complejo. Nosotros la recorrimos en febrero de 2024, fuera de temporada, y fue exactamente el acierto que buscábamos.

Nuestra experiencia: Volamos con Ryanair sin apenas equipaje (con una mochila de cabina te sobra para esta escapada) y montamos una ruta circular de 5 días en coche: Palermo, Cefalù, la costa sur con Scala dei Turchi y el Valle dei Templi, Siracusa, Catania y, de vuelta, Monreale. En febrero el clima nos acompañó con días soleados de entre 12 y 16°C, aunque en cuanto se pone el sol el frío aprieta, así que no te fíes de la típica imagen veraniega de la isla.

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Un pie en Europa, otro en África

Sicilia es la región más grande y poblada de Italia, y durante siglos fue el granero de Roma. Su posición en el centro exacto del Mediterráneo la convirtió en el premio que todos los imperios quisieron conquistar, y de ahí esa mezcla arquitectónica única que verás en cada ciudad.

Resumen del itinerario por días

Una ruta circular pensada para exprimir cada rincón sin volver nunca sobre nuestros pasos: empezamos y casi terminamos en Palermo, bajando por la costa hasta la sombra del Etna.

Día 1: Llegada a Palermo

  • Recogida del coche de alquiler
  • Piazza Politeama y Teatro Massimo
  • Iglesias y Mercato del Capo
  • Primeras cervezas sicilianas

Día 2: Cefalù y Reencuentro en Palermo

  • Muralla y catedral normanda de Cefalù
  • Comida en Ristorante Primi Piatti
  • Llegada de nuestro amigo en shuttle
  • Noche de bares en Palermo

Día 3: Scala dei Turchi y Valle dei Templi

  • Cruce de la isla con el Etna de fondo
  • Acantilados blancos de Scala dei Turchi
  • Templos griegos de Agrigento al atardecer
  • Pizza frita y noche en Agrigento

Día 4: Siracusa y Catania

  • Parque Arqueológico della Neapolis
  • Ortigia: Duomo y Templo de Apolo
  • Pasta, aperol y gelato
  • Noche de fiesta en Catania

Día 5: Catania, Monreale y Vuelta a Casa

  • Desayuno típico y anfiteatro romano
  • Mercado de la Pescheria
  • Duomo de Monreale
  • Vuelta al aeropuerto de Palermo

Mapa Interactivo de la Ruta

Leyenda

  • 📸 Punto de Interés
  • ⭐️ Visita Imprescindible
  • 🏛️ Arqueología / Templos
  • 🍴 Restaurante Recomendado
  • 🍸 Zona de Bares
  • 🏨 Alojamiento

Itinerario Diario

  • Día 1: Palermo
  • Día 2: Cefalù y Palermo
  • Día 3: Scala dei Turchi y Agrigento
  • Día 4: Siracusa y Catania
  • Día 5: Monreale y Aeropuerto

💡 Consejos Prácticos para tu Viaje

El coche de alquiler: tu mejor y peor amigo

Alquilar coche en Sicilia es obligatorio si quieres hacer una ruta como la nuestra: sin él, Cefalù, Scala dei Turchi o Agrigento son directamente inviables en un viaje corto. Nosotros lo recogimos en Rental Cars nada más aterrizar en Palermo.

⚠️ Prepárate mentalmente: las carreteras secundarias están limitadas a 60-80 km/h, muchas van llenas de curvas y baches, y el respeto al código de circulación es... interpretable. Se conduce con los ojos muy abiertos y el claxon a mano.

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Compara antes de reservar

Nosotros comparamos precios en EconomyBookings para evitar las fianzas abusivas que aplican algunas compañías locales directamente en el mostrador del aeropuerto.

Moneda, tarjeta y roaming

Al ser Italia, todo es exactamente igual que en España: se paga en euros, tu tarjeta española funciona sin comisiones de cambio y tu tarifa de datos con roaming UE funciona sin coste extra. Aquí no necesitas ni eSIM ni cambiar divisa, una ventaja enorme frente a otros destinos.

Cuándo viajar

Fuimos en febrero y fue una decisión que repetiríamos: vuelos y alojamientos baratos, cero colas en los templos y el Duomo de Monreale casi para nosotros solos. A cambio, el mar queda descartado (no te bañarás) y necesitarás una chaqueta para las noches. Si buscas playa, la mejor ventana es de junio a septiembre, pero prepárate para el turismo masivo en sitios como Taormina o Cefalù.

Equipaje

Con Ryanair y una ruta tan dinámica, viajar solo con mochila de cabina es la mejor decisión posible: te ahorras facturar y ganas agilidad para entrar y salir de los coches de alquiler cada día.

Día 1: Aterrizaje y primer contacto con Palermo

Aterrizamos en el aeropuerto Falcone-Borsellino y lo primero fue recoger el coche de alquiler: sin él, olvídate de moverte por la isla con soltura. Con las llaves en la mano y el GPS puesto rumbo a Piazza Politeama, nos alojamos en un apartamento en pleno centro, a un paso de todo lo que queríamos ver.

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Nuestro alojamiento

Nos quedamos en Mamamia al Politeama, justo en la plaza. La ubicación es prácticamente perfecta: sales del portal y ya estás en el corazón de Palermo.

Dejamos las maletas y salimos a caminar sin mucho plan, dejándonos guiar por las fachadas. Empezamos en la propia Piazza Politeama, presidida por el pórtico neoclásico del Teatro Politeama, y de ahí fuimos bajando hacia el Teatro Massimo, el auténtico templo de la ópera palermitana.

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El escenario de El Padrino III

El Teatro Massimo es el tercer teatro de ópera más grande de Europa, solo por detrás de París y Viena. Su escalinata de 27 peldaños es la que Francis Ford Coppola usó en la escena final de El Padrino III, donde matan a la hija de Michael Corleone. Coppola solo pudo rodar el exterior: el teatro llevaba más de una década cerrado por reformas y tuvo que recrear el interior en los estudios de Cinecittà, en Roma.

Seguimos paseando entre iglesias barrocas y el bullicio del Mercato del Capo, uno de los mercados históricos de Palermo donde los vendedores anuncian el género a gritos en un dialecto siciliano cerradísimo. Terminamos frente a la Catedral de Palermo, una mole que resume ella sola toda la historia de la isla: fue mezquita, y antes de eso, iglesia bizantina.

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Una columna con versos del Corán

La Catedral de Palermo se levantó en 1184 sobre una mezquita, y todavía hoy una de las columnas de la entrada conserva grabados versículos del Corán. Es uno de los símbolos más citados del arte árabe-normando siciliano, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO: la fusión, sin complejos, de culturas que en cualquier otro sitio se consideraron enemigas.

Después de tanta caminata, tocaba sentarse. Encontramos una terraza cerca del centro y cerramos el primer día con unas cervezas sicilianas bien frías, ya con el cuerpo pidiendo cama tras el madrugón del vuelo.

Día 2: Cefalù de postal y reencuentro en Palermo

Con el coche ya calentado, pusimos rumbo a Cefalù, a menos de una hora de Palermo por la autopista costera. Es una de esas ciudades que parecen sacadas de una postal: casas de pescadores apretadas contra el mar, una muralla que se asoma directamente al agua y, presidiéndolo todo desde arriba, la roca de La Rocca.

Paseamos por el casco antiguo, bajamos hasta la playa y nos asomamos a la famosa muralla que todo el mundo fotografía desde el paseo marítimo. El otro gran protagonista de Cefalù es su catedral normanda, visible desde casi cualquier punto de la ciudad. En febrero el pueblo estaba tranquilo y casi vacío, muy distinto a como lo vimos en una visita posterior en pleno verano, con la playa a rebosar y el pueblo lleno de vida: dos caras completamente distintas de un mismo sitio, y las dos merecen la pena.

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Una promesa cumplida en piedra

Según la leyenda local, el rey Ruggero II mandó construir la Catedral de Cefalù en 1131 como voto de gratitud tras sobrevivir a una violenta tormenta frente a sus costas, en vez de levantarla en la propia Palermo, capital de su reino. En su interior te espera uno de los mosaicos bizantinos más impresionantes de Sicilia: un Cristo Pantocrátor de mirada intensa, con mechones rubios normandos y barba oscura de influencia árabe, un resumen perfecto de la Sicilia medieval.

Para comer, encontramos un sitio sin mayores pretensiones que terminó siendo de lo mejor del viaje.

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Dónde comimos en Cefalù

Fuimos a Ristorante Primi Piatti. Como el nombre indica, ve dispuesto a pedir pasta: nosotros probamos una lasaña y una pasta que no tenían nada que envidiar a las de cualquier trattoria romana.

A media tarde volvimos a Palermo con una misión: recoger a un amigo que aterrizaba a las 19h para sumarse al resto del viaje.

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El shuttle bus, mejor que ir a buscarlo

Nuestro amigo llegó a Piazza Politeama en el shuttle bus del aeropuerto por solo 6€. Fue, sin duda, la mejor decisión: entre el tráfico caótico de Palermo y lo complicado que es aparcar cerca del aeropuerto, ir a recogerlo en coche nos hubiera costado mucho más tiempo (y paciencia) que esperarle tranquilamente con una cerveza en la plaza.

Con el grupo ya al completo, tocaba enseñarle el Palermo nocturno. Cenamos en Pizzeria Frida y después nos lanzamos a callejear sin rumbo fijo por el centro histórico, dejándonos sorprender por fachadas iluminadas y plazas que de día pasan desapercibidas.

El destino final de la noche fue una pequeña plaza que se convierte, según cae el sol, en la zona de bares de Palermo. Ni siquiera llegamos a saber su nombre oficial, pero la reconocerás enseguida por la marea de gente joven en la calle con copa en mano.

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La zona de bares de Palermo

Los locales que más nos gustaron, todos a un paseo entre sí, fueron Bàsoli y Botanico Bar como punto de partida, y después Cantavespri, Extra Hop, Monkey Pub, Castigamatti y Spina Bar para seguir la noche. Cualquiera de ellos es una apuesta segura para tomar algo con ambiente joven y sin pretensiones.

Día 3: Cruzando la isla hasta Scala dei Turchi y el Valle dei Templi

Tocaba dejar atrás el caos ordenado de Palermo y poner rumbo al sur. El trayecto hasta la costa de Agrigento atraviesa el interior montañoso de la isla, con curvas constantes que no permiten ir muy rápido.

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Esa franja gris en el horizonte

En varios tramos de la carretera nos encontramos con esta banda de bruma pegada al horizonte, muy típica de las mañanas de invierno en el interior de Sicilia: aire frío y húmedo que queda atrapado en los valles y no se disipa hasta que el sol calienta más. No es humo del Etna (el volcán queda demasiado al este para verse desde esta ruta), aunque sí es cierto que, en días muy despejados, el Etna llega a distinguirse desde puntos de la isla a más de 150 km de distancia gracias a su tamaño descomunal.

Llegamos sobre las 14h a Scala dei Turchi, un acantilado de roca caliza blanca que el viento y la lluvia han esculpido en escalones naturales que caen directamente al mar. En febrero el agua estaba demasiado fría para bañarse, así que nos limitamos a pasear descalzos por la roca y dejarnos deslumbrar por el contraste entre el blanco de la piedra y el azul intenso del Mediterráneo.

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¿Por qué se llama "Escalera de los Turcos"?

El nombre no tiene nada que ver con la Turquía actual. Entre los siglos XVI y XVII, los sicilianos llamaban genéricamente "turcos" a los piratas sarracenos de origen árabe-musulmán que asolaban la costa. Según la leyenda local, estos piratas fondeaban sus barcos en las aguas tranquilas y protegidas de la Scala y aprovechaban los escalones naturales de roca para desembarcar y asaltar pueblos cercanos como Realmonte.

Con hambre acumulada, buscamos dónde comer de camino al Valle dei Templi. Encontramos un restaurante bastante apartado de la carretera principal, con un desvío algo confuso y, al llegar, ni un alma más que nosotros y el dueño.

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Un restaurante de carretera con mucho carácter

El sitio tenía ese aire de "aquí no viene nadie más que los locales", con lo que eso implica de bueno (comida honesta y barata) y de un poco inquietante al principio, bromeamos incluso con que parecía sacado de una película de mafiosos sicilianos. Al final resultó ser de las comidas más sabrosas y baratas del viaje: no tengas miedo a parar en sitios así, casi siempre son un acierto.

Con las fuerzas repuestas, llegamos al Valle dei Templi de Agrigento, uno de los conjuntos de templos griegos mejor conservados fuera de la propia Grecia, y desde 1998 Patrimonio de la Humanidad.

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Los templos que sobrevivieron al tiempo

El Templo de la Concordia, del siglo V a.C., es de los templos dóricos mejor conservados del mundo: conserva casi todo su entablamento y ambos frontones intactos, algo que le debe a que en el siglo VI fue reconvertido en iglesia cristiana en lugar de abandonado a su suerte. El Templo de Juno, en la cima oriental de la colina, estaba dedicado al culto de la fertilidad, mientras que el Templo de Hércules, el más antiguo del valle (finales del siglo VI a.C.), quedó reducido a solo ocho columnas tras un terremoto.

Llegamos con tiempo de sobra para ver cómo la luz dorada del atardecer iba encendiendo la piedra de los templos. No había apenas nadie por las calles del recinto, algo que agradecimos enormemente: febrero, con todos sus inconvenientes, regala este tipo de momentos casi en privado.

Cenamos en Agrigento en una pizzería que encontramos abierta, pidiendo una pizza frita típica de la zona, y nos quedamos a dormir en la ciudad para tener el trayecto del día siguiente más descansado.

Día 4: Neapolis, Ortigia y la última noche en Catania

Por la mañana pusimos rumbo a Siracusa. De camino, paramos en un recinto arqueológico enorme sin tener muy claro, al principio, si lo que teníamos delante era un teatro griego o un anfiteatro romano, hasta que un cartel (y nuestra propia curiosidad después) nos sacó de dudas: eran, de hecho, las dos cosas a la vez.

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Teatro griego vs. anfiteatro romano: la diferencia

Estábamos en el Parco Archeologico della Neapolis, en los límites del casco histórico de Siracusa. El Teatro Griego, excavado directamente en la roca en el siglo V a.C., tiene forma de semicírculo y estaba pensado para representaciones teatrales y conciertos, aprovechando la ladera natural de la colina. El Anfiteatro Romano, en cambio, es una construcción íntegramente elíptica y autoportante (no depende del terreno), pensada para combates de gladiadores y espectáculos mucho más violentos. Verlos uno junto al otro es la mejor lección de arquitectura clásica que puedes tener sin pisar un aula.

Dejamos el coche cerca del puerto marítimo, en el límite con Ortigia, la isla-centro histórico de Siracusa, decididos a aprovechar el tiempo al máximo caminando por su perímetro: la muralla, los restos del castillo y, sobre todo, la Piazza del Duomo.

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Una catedral construida dentro de un templo griego

El Duomo de Siracusa no se construyó junto al antiguo Templo de Atenea del siglo V a.C.: se construyó literalmente dentro de él. Los cristianos, en vez de derribar el templo pagano, taparon los huecos entre sus columnas dóricas con piedra y levantaron los muros de la nueva iglesia usando la propia estructura griega como esqueleto. El resultado, visible todavía hoy tanto por fuera como por dentro, es una de las fusiones arquitectónicas más asombrosas de toda Sicilia: columnas griegas de 2.500 años sosteniendo una fachada barroca.

Comimos por la zona, apostando sobre seguro por una buena pasta, y nos animamos a probar el aperol spritz que tanto se ve en las terrazas italianas. De postre, un gelato de rigor, disfrutado sentados en la propia Piazza del Duomo, a los pies de la catedral.

Con las pilas recargadas, tocaba viajar hasta Catania para nuestra última noche siciliana. Nada más llegar, nos lanzamos a callejear por el centro histórico: la Piazza dell'Università, las calles empedradas bajo los característicos paraguas de colores que decoran algunas callejuelas y la imponente Piazza Duomo, presidida por la Catedral de Sant'Agata y la Fontana dell'Elefante.

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Santa Águeda y la lava que se detuvo

Santa Águeda (Sant'Agata) es la patrona de Catania: una joven cristiana martirizada en el año 251 tras rechazar al procónsul romano Quinciano, que la sometió a crueles torturas. Según la leyenda, un año después de su muerte el Etna entró en erupción con una violencia terrible, y los habitantes de Catania corrieron a su tumba para colocar el velo de la santa frente a la lava. La colada, dicen, se detuvo justo ahí. Desde entonces es la protectora oficial de la ciudad contra las erupciones.

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El elefante de lava con nombre de mago

La Fontana dell'Elefante, símbolo de Catania, está coronada por u Liotru, una estatua de elefante tallada en piedra volcánica que se cree de época romana o bizantina. Según la leyenda popular, el nombre viene de Heliodoro, un noble catanés que se convirtió en mago tras serle negado el obispado, y que llegó a esculpir el elefante dándole vida con lava incandescente del Etna para cabalgarlo hasta Constantinopla. La explicación menos fantástica: el elefante servía como gnomon de un reloj de sol en la propia plaza.

Nos habían recomendado cenar en la Trattoria del Cavaliere, un sitio tan popular que no admite reservas: hay que hacer cola en la puerta. Mereció la pena cada minuto de espera: raciones generosas y precios que en cualquier ciudad española ya serían imposibles de encontrar.

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Trattoria del Cavaliere: haz cola, no reserves

No aceptan reservas bajo ningún concepto, así que ve pronto o resígnate a esperar. Al lado había un pequeño colmado "chino" donde estuvimos matando el rato con una cerveza mientras nos llegaba el turno. Con la relación calidad-precio que tiene, entendimos enseguida por qué la cola no paraba de crecer.

Después de cenar, nos dejamos llevar por la noche siciliana: primero una discoteca cerca del puerto, y después otra de la que ya ni recordamos el nombre, pero sí el buenísimo ambiente. Un broche perfecto para cerrar la parte más intensa del viaje.

Día 5: Catania, Monreale y vuelta a casa

La última mañana la dedicamos a despedirnos de Catania con calma. Empezamos desayunando algo típico de la ciudad antes de salir a caminar sin prisa por el centro.

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El desayuno que no es un desayuno cualquiera

En Catania lo más típico para desayunar es la granita con brioche col tuppo (un bollo redondo con una especie de "moño" en la parte superior), toda una institución local. Nosotros, más hambrientos, caímos en la tentación de un arancino: la mítica bola de arroz frita y empanada, rellena y con forma cónica en Catania (en Palermo la llaman "arancina" y es redonda). No es el desayuno más ortodoxo del mundo, pero en Sicilia nadie te va a mirar mal por empezar el día con uno.

Paseando llegamos hasta el Anfiteatro Romano de Catania, en pleno centro de la Piazza Stesicoro: sorprende encontrarse unas ruinas de este tamaño rodeadas de edificios y tráfico, como si el pasado romano se negara a esconderse bajo la ciudad moderna.

De ahí nos acercamos al mercado del pescado y la fruta, muy cerca de la Piazza Duomo: un hervidero de puestos, gritos de vendedores y, en varias calles, cientos de paraguas de colores colgados formando un techo improvisado sobre los tenderetes. Una postal perfecta para despedirse de Catania.

Con el coche ya cargado, pusimos rumbo de vuelta hacia Palermo para coger el vuelo. En lugar de hacer el trayecto de un tirón, decidimos parar a comer en Monreale, un pueblo pequeño encaramado en una colina a las afueras de Palermo, famoso por su duomo y por unas vistas que compensan cualquier desvío.

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El sueño que se convirtió en catedral

Según la leyenda, el rey Guillermo II de Sicilia soñó en 1171 que la Virgen se le aparecía y le revelaba, bajo un algarrobo, la ubicación de un tesoro escondido por su padre. Con ese botín, Guillermo mandó construir la Catedral de Monreale, terminada en un tiempo récord de apenas diez años. Por dentro te esperan más de 6.000 metros cuadrados de mosaicos bizantinos cubiertos de pan de oro (se calcula que se usaron 2,2 toneladas), entre los que destaca uno muy poco casual: Cristo coronando al propio Guillermo II, justo sobre el trono real.

Comimos en la plaza principal, frente al propio duomo, con una carbonara que fue la despedida perfecta de la cocina italiana.

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Dónde comimos en Monreale

Fuimos a Trinacria Food & Drink, un bar sin grandes pretensiones en Piazza Vittorio Emanuele, justo enfrente del duomo. Ideal para una comida rápida y sabrosa antes de devolver el coche.

Y con eso, derechos al aeropuerto para volver a casa con Ryanair. Cinco días que nos han dejado con ganas de volver: nos queda pendiente Marrakech, y el este de la isla (Milazzo, Taormina y, por supuesto, subir al Etna) para una próxima ruta.

💰 Nuestro Presupuesto Real

El desglose de lo que nos gastamos por persona en 5 días. La gran ventaja de Sicilia frente a otros destinos: al ser Italia, no hay sorpresas de cambio de divisa ni comisiones raras.

✈️ Transporte

121 €
  • Vuelos Ryanair ida y vuelta: 60 €
  • Alquiler de coche: 36 €
  • Gasolina y parkings: 25 €
  • Shuttle bus aeropuerto: 6 €

🏡 Alojamiento

74 €
  • Apartamentos (4 noches): 74 €

🍴 Gastronomía

105 €
  • Comidas, cenas y desayunos: 105 €

🎟️ Ocio y Entradas

87 €
  • Entradas a templos y teatro/anfiteatro de Siracusa: 27 €
  • Cervezas y salida de fiesta: 55 €
  • Compras y postales: 5 €

Gasto Final por Persona

387 €

Uno de los viajes más baratos que hemos hecho en Europa. Distribución de los 387 € totales:

Actividades Destacadas

Si prefieres llevar algunas cosas atadas desde casa, aquí tienes un free tour por Palermo con muy buenas reseñas y las mejores actividades de la isla:

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